El espejo

El espejo

Vemos en el otro lo que todavia no queremos reconocer en nosotros mismos.

Los defectos, los comportamientos que nos enfadan  (en la pareja, en el vecino, en el conductor, …), lo que criticamos, lo que le apuntamos al otro, … todo eso es nuestro.

Se lo decimos al otro, al espejo, porque por algun lado tiene que salir.

¿Cuantas veces al día le decimos a alguien, o pensamos acerca de alguien, y le cantamos sus defectos? Lo que nosotros creemos que son sus defectos, porque a lo mejor la persona está encantada, pero nosotros lo juzgamos y lo etiquetamos como “negativo”, “malo”, “defecto”.

Eres un soberbio – cuando a lo mejor estás encantado y contento, y vas con la cabeza bien alta de felicidad.

Eres un controlador – cuando a lo mejor estás sinceramente preocupado por el otro

Eres un egoista – cuando a lo mejor el otro tiene que aprender a no dar con tanta facilidad

Soberbio, controlador, egoista … son adjetivos que yo pongo a un comportamiento que veo en el otro, en el espejo. Yo lo veo. Yo lo reconozco. Yo lo juzgo. Yo pongo el adjetivo.

¿Por qué lo hacemos?  Si la persona en cuestion nos lo ha pedido, entonces perfecto, pero no es lo habitual. No lo es. Sin embargo nuestra crítica está ahi cada día, cada día, cada día.

Cuando reconocemos algo en nosotros, porque el otro nos lo pone delante, lo vemos … pero aun no estamos en condiciones de aceptarlo dentro nuestro.

Ahi se genera una tensión, un no querer ver, una decisión (inconsciente), es un momento, pero está ahi. Cuando se ha tomado la decisión de negar ese reconocimento, esa tensión tiene que salir por algun lado, y sale en forma de crítica al otro, de apunte, de mirar al otro y sentirnos superiores, mejores, por que él tiene “tal cosa”, “tal comportamiento”, … y yo … yo creo (en mi autoimpuesta ignorancia) que no lo tengo.

Si nunca hemos experimentado esto … ¿cómo saber que es así?

Primero porque nosotros somos los que juzgamos y colocamos el adjetivo : soberbio, controlador, egoista …  Esto es una realidad innegable. Nosotros ponemos el adjetivo, nosotros juzgamos.

Segundo por que el acto de juzgar viene precedido y acompañado de una emoción mezcla de miedo (lo he visto pero no lo quiero ver ¿que hago?),  agresividad (el ataque al otro como maniobra de distracción para no mirar dentro) y soberbia (como el otro es posible que se rebote, me monto ya la defensa). Y esta emoción podemos sentirla si estamos atentos.

Tercero porque si fueramos honestos con nosotros mismos no habría toda esta reacción. No nos quedarían ganas de dirigir la critica hacia el otro, estaríamos impactados por ese reconocimiento, y nuestra atención estaría toda hacia el interior. Sorprendidos. Impactados.

Y el día está lleno de espejos.

Recordemos, cuando juzgamos a otro, nos hemos juzgado antes a nosotros y nos hemos declarado culpables.

El otro, el espejo, es un regalo.  Un bendito regalo.

Un abrazo

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One Response to El espejo

  1. Anónimo dice:

    que oportuno. Gracias.

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