“Ser o no ser hombre” .4 – Violencias de género en las relaciones de pareja

4. Violencias de género en las relaciones de pareja (página 121)

(Extraido del libro “Ser o no ser hombre” de Alberto Mena Godoy)

Hoy en día existe una gran difusión, especialmente desde los medios de comunicación en España, sobre la violencia de género que el hombre ejerce hacia la mujer. Son numerosos los casos de muerte que tristemente se dan en las relaciones de pareja.

Según las estadísticas del Ministerio de Igualdad del Gobierno de España, en el 2012 se habían contabilizado 73 mujeres asesinadas por sus maridos, 56 en el 2009, 76 en el 2008, … Por otro lado el Instituto Nacional de Estadística en España constata que el número de muertes por suicidio ascendía en el 2008 a 3.421 personas : el 77,4% hombres y el 22.6% mujeres. La tasa de muertes en el 2008 por accidentes de tráfico en España es de 3.021, con lo cual el número de muertes por suicidio es incluso superior al número de muertes por accidentes de tráfico. Las cifras hablan por sí solas. Vale la pena observarlas con detenimiento.

Cuando accedes a la web del Instituto Nacional de Estadística en España, si quieres consultar los datos de muertes por suicidio, te encuentras con el siguiente escrito : “DEsde 2007, siguiendo los estándares internacionales de la materia, se ha adoptado la decisión de suprimir los boletines del suicidio, y obtener la información estadística relativa al suicidio a partir de la información que ofrece el boletín de defunción judicial que se utiliza para la Estadística de Defunciones según la Causa de Muerte”. Es decir, si quieres obtener datos sobre suicidio en España, tienes que dirigirte a la Estadística de Defunciones según causa de muerte. Una vez allí, las estadísticas son absolutamente confusas. Más que facilitar, dificultan el acceso a la consulta de datos. Como causas de muerte que no contabilizan ni figuran dentro de las cifras de suicidio, encontramos: “eventos de intención no determinada”, “otros accidentes”, “caída accidentales”, “otros envenenamientos accidentales, “envenenamiento accidental por psicofármacos y drogas de abuso”, “ahogamiento”, y “inmersión y sofocación accidentales”.

Con datos de 2008, la primera causa de muerte en España se debe a enfermedades cardiovasculares, la segunda a tumores y enfermedades respiratorias. La tercera a muertes por suicidio. Según la OMS, en el mundo se produce un suicidio cada 40 segundos. Aseguran que es la primera causa de muerte violenta en el mundo, con un promedio de un millón de suicidios al año y 20 millones de intentos. Esta cifra supera a las muertes por guerras y homicidios juntos. Con estos datos en la mano, surgen varias cuestiones: ¿por qué se dan tantas muertes por suicidio?, ¿qué causas se esconden detrás de la decisión de suicidarse? ¿Por qué nadie habla claramente de ello?

En lo que respecta a los hombres, sabemos que a nivel emocional tienen gran dificultad para mostrarse y expresarse. Ante la debilidad, el hombre en general no se expresa, no se comunica ni busca ayuda. Si a la dificultad de mostrar el miedo, la agresión y la tristeza, sumamos el imperativo masculino que dice “los hombres tienen que ser fuertes”, tenemos ante nosotros una de las salidas por la que más optan muchos hombres: la destrucción. Esta puede ir en 2 direcciones: hacia afuera, violentando y destruyendo al otro; o hacia adentro, maltratándose a sí mismo mediante la adicción, el suicidio y otras actividades autodestructivas. Teniendo en cuenta que más de las tres cuartas partes  de muertes por suicidio en España son masculinas ¿qué relación existe entre la popularizada violencia de género y las muertes por suicidio masculinas? ¿Cuántos hombres optan por el suicidio ante lo que les sucede en sus relaciones de pareja, y ante la dificultad de manejarse a nivel emocional profundo? ¿Como se contabiliza todo esto? …

Más allá de las estadísticas, reflexionemos sobre lo que sucede en las relaciones de pareja. PAra que se produzca el enfrentamiento y la discusión conyugal pueden intervenir muchos factores. Está claro que el hombre tiene una forma de agresión que puede llegar a ser destructiva. Desde la desesperación de verse abandonado, o desde el dolor que siente pero que no puede sentir, entre otras causas, realmente puede llegar a matar. O como señalan las cifras, se mata. La posibilidad de ser abandonado es una de las causas más conocidas como predecesora de la violencia del hombre hacia la mujer. ¿Tiene esto algo que ver con  lo que comentamos sobre los abandonos y la desatención registrada en la primera infancia?

Según Daly y Wilson, en muchos casos, la decisión del hombre de matar a la mujer es resultado directo de la “preocupación en tanto que propietario, por la fidelidad de su esposa, o por la intención de esta de separarse e irse con otro”. En el fondo, el fantasma del abandono gobierna. Por encima de éste se sitúan la posesión y los celos. Si desde las instituciones oficiales se plantea abrir vías de solución reales a la epidemia de la violencia de género, deberíamos empezar por enfocar las causas profundas que llevan a los hombres y mujeres al callejón sin salida de la muerte y la destrucción.

Internamente nos gobiernan aspectos emocionales que a veces no nos permiten establecer la comunicación y el diálogo necesarios. En las relaciones de pareja se producen luchas de poder que muchas veces se convierten en auténticas batallas. El modelo familiar en que el hombre ejerce el ordeno y mando mientras la mujer acata las órdenes del marido, está desfasado. En la actualidad, no solo el hombre aporta dinero a la unidad familiar, también lo hace la mujer, que ni quiere someterse a los dictados del hombre ni le quiere obedecer. LAs relaciones de pareja actuales se establecen de igual a igual, el diálogo y el respeto muestran el camino a seguir.

La violencia doméstica, a menudo se destapa dentro de un esfuerzo masculino por mantener intactas ciertas posiciones de privilegio y poder. Los hombres son cuestionados, tanto fuera como dentro del núcleo familiar. Está bien que los hombres luchen por su espacio, la cuestión es cómo. La vulnerabilidad produce mucho temor, tanto en hombres como en mujeres. PARa defendernos de ella, recurrimos al orgullo y a la dureza que nos mantiene a distancia de lo que sentimos y a distancia del encuentro real con el otro. En el hombre, el recurso fácil es la violencia, concebida como medida extrema de defensa y protección, ante el temor de dejar de ser hombre ante la mujer y ante sí mismo. La violencia es una salida rígida y disfrazada, que oculta el dolor y el miedo profundos. Como hombre, es importante atender a nuestros miedos y vulnerabilidades, necesitamos encontrar a alguien que nos reconozca ahí para encontrar el apoyo y la presencia que profundamente hemos necesitado y necesitamos.

La construcción y defensa de la autonomía de la mujer en las sociedades occidentales es un hecho. Si no hay respeto hacia lo de cada uno, las relaciones en general y las de pareja en particular, están condenadas al fracaso o a una adaptación mutua perversa y dolorosa. En los casos más duros, encontramos mujeres que por el terror que sienten, ni siquiera pueden mirar a los ojos de sus parejas. DEsde estos lugares, vivimos en historias de poder que van más allá del género, y que tienen que ver fundamentalmente con la biografía de cada uno. La mujer necesita ser ella misma y se defiende a capa y espada cuando el hombre, por su miedo, no se lo permite. El hombre tiene miedo, la mujer también. Tanto el uno como el otro lo camuflan adoptando formas rígidas de enfrentamiento, más cercanas a la guerra abierta que a la relación de pareja basada en el amor.

“Mi marido me pega lo normal” es el título de un libro. En casos extremos se observa cómo en determinadas mujeres, la paliza física puede ser interpretada y sentida muy inconscientemente como una expresión de ‘afecto’. Los celos del marido le hacen sentir que la quiere: se siente “amada”. Este tipo de relación hombre-mujer continúa existiendo de muchas otras formas sutiles. Como caso extremo, tenemos la figura de la prostituta y el ‘chulo’. El ‘chulo’ la protege para que no le hagan daño y le preserva su espacio. A cambio le exige lo que quiere y le pega cuando cree necesario.

La violencia que ejerce el hombre hacia la mujer es evidente. El matar, más propio del hombre, es el grado más alto de maltrato que se puede infringir a una persona. A partir de ahí no hay vuelta atrás. Pero ¿qué sucede con la agresión y la violencia femenina? ¿Como se manifiesta? … La mujer tiene un forma mucho más sutil de agredir que el hombre, mucho menos directa y reconocida. Socialmente es como si se negara, se desconociera, o se obviara este tipo de agresión, como si no existiera. Así como los hombres destacan en la agresión física, las mujeres destacan en la agresión verbal. La mujer puede enviar dobles mensajes al hombre que le desorientan y lo lían hasta confundirlo por completo. Ahora blanco, ahora negro… ahora sí, ahora no,… Quiere conseguir algo pero no sabe cómo. Para ello dispone del arma de la perversión emocional que crea confusión. Agrede primero para a continuación adoptar el rol de víctima cuando el hombre se enfada. El hombre puede llegar a matar a la mujer, la mujer puede llegar a volver loco al hombre. La mujer puede iniciar una agresión de forma sutil, pronunciando la frase de queja o lamento que toca donde más duele. La mujer puede despreciar, desvalorar, culpabilizar, invadir… no somos conscientes de la agresión más o menos sutil que se infringe desde ahí. Una mujer no puede medirse físicamente a un hombre, por eso no ataca directamente  teme que el hombre se enfade. ASí como el hombre ha desarrollado su mano derecha, la mujer ha desarrollado su mano izquierda: sin que se dé cuenta, dando un rodeo, manipulando al fin y al cabo. Todo ello con el poder que le otorga el dar o no dar afecto, cuidado y amor. Es decir, “si te enfadas conmigo o no haces lo que yo quiero, no te hablo, te retiro mi amor, estoy enfadada contigo y no quiero saber nada de tí”. Este es el mensaje subterráneo al que se sume otro poder: el dar o no dar sexo. La mujer maneja las relaciones sexuales y la posibilidad de que estas se den.

En los casos evidentes de violencia física del hombre hacia la mujer ¿que hace una mujer con un hombre que la amenaza con pegarla o matarla?, ¿por qué permanece en la relación con un hombre de ese tipo?, ¿cuales son los patrones que nos llevan a elegir y estar con una persona que nos maltrata?, ¿qué historia personal tiene la mujer maltratada con la figuras familiares de referencia? … Los patrones de relación establecidos desde la infancia nos gobiernan a nivel profundo. DEsde ahí habría que abordar las violencias de género, desde el fondo de la problemática.

¿Qué nos está pasando a nivel de pareja?, ¿como nos relacionamos?, ¿por qué llegamos a situaciones tan límite? … Éstas son cuestiones importantes que hombres y mujeres, ambos víctimas y verdugos, deberíamos tener el valor de plantearnos desde la responsabilidad que tenemos sobre nosotros mismos y sobre nuestra historia personal. En primer lugar, para dejar de buscar víctimas y culpables. En segundo lugar, para tener la valentía y el coraje de ver el dolor que cada uno lleva dentro, desde antes de estar en pareja.


Versión en PDF : 4.SONSH_Violencias_de_genero_en_las_relaciones_de_pareja.pdf

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