“Ser o no ser hombre” .6 – La fidelidad y otras cuestiones sexuales

6. La fidelidad y otras cuestiones sexuales (página 139)

(Extraido del libro “Ser o no ser hombre” de Alberto Mena Godoy)

Volviendo a los orígenes de nuestra especie, sabemos que si un hombre era capaz de aparearse con cientos de mujeres en un año, podía tener cientos de descendientes al año siguientes. En tanto que la mujer suele producir un óvulo por mes, el cuerpo del hombre produce millones de espermatozoides cada día. Observemos la diferencia en potencial reproductivo. Como señal Michael P. Ghiglieri, los tres objetivos básicos de la estrategia reproductiva de la mujer son: la calidad de los genes del compañero sexual, el estatus o capacidad para ofrecer una situación ventajosa, y la protección y asistencia. La mujer trata de discernir si un hombre tiene todo lo necesario para ser un buen protector y proveedor; para el hombre, lo importante es conseguir que sus genes se prolonguen a la siguiente generación.

Las investigaciones del psicólogo Dietrich Klusmann señalan que aunque la actividad y la satisfacción sexual disminuyen a medida que se prolonga la relación de pareja, el deseo sexual solo disminuye en las mujeres, no en los hombres. Asimismo, el deseo de ternura y afecto disminuye en los hombres, pero no en las mujeres. Se concluye que un vínculo de pareja estable no requiere altos niveles de deseo sexual para las mujeres; para el hombre el sexo debe mantenerse a un nivel alto. DEsde esta situación de fondo, muchas veces los hombre fingen en el amor para tener sexo, mientras que las mujeres fingen en el sexo para obtener amor. Dos cuestiones importantes penden de un hilo: 1.¿cómo se relaciona el hombre con su necesidad de afecto y cuidado? y 2.¿cómo se relaciona la mujer con su deseo y su necesidad sexual? …

La unión de afectividad y sexualidad es uno de los grandes retos para la conciliación entre hombres y mujeres. El sexo sin amor existe, como existe el amor sin sexo. Cuando hay amor es porque hay vínculo afectivo. Si hay vínculo afectivo es porque ambos se han satisfecho necesidades el uno al otro. El amor y el vínculo afectivo propician que las relaciones se consoliden y perduren en el tiempo. Si sobre esa base podemos sentir a nuestra pareja desde la calma y la tranquilidad, la relación sexual siempre será mucho más satisfactoria que si se accede al sexo desde un lugar más directo, sin dar el tiempo necesario para sentirse el uno al otro. Cando las relaciones sexuales no parten de un contacto nutritivo corre el riesgo de convertirse en una mera descarga en la que en realidad, no hay conexión ni relación con el otro.

Un claro ejemplo de hombre insatisfecho, aun así admirado por muchos, lo representa el conocido síndrome del Don Juan y la conquista sexual compulsiva. El típico Don Juan conoce los puntos débiles de la mujer. Para salirse con la suya, los ataca y los activa, utilizando cualquier táctica estrategia que le sirva para conquistarla. Así se convierte en un auténtico actor, fuente de mentiras, compulsión y adicción, que no satisface lo que en realidad necesita. EL síndrome remite cuando empieza a sentir algo especial por la mujer que encuentra. Por eso raramente vuelve a la misma mujer. Solo el amor y el encuentro afectivo le calman el malestar interno que le lleva a una carrera interminable.

Para el hombre, el campo del sexo es el lugar donde no se puede fallar. Un paciente casado desde hace varios años relataba que durante una etapa de su vida, se iba a la cama con el pene erecto, por si su mujer quería sexo. El ni se llegaba a plantear si quería tener sexo o no, sentía la obligación de tener que satisfacer a su mujer y punto. Igualmente sucede cuando el hombre está soltero. Un día va a la discoteca y conoce a una mujer, que aunque no le guste como para acostarse con ella, existe un imperativo inconsciente que le exige demostrar que ‘es un hombre’. S la mujer tiene ganas, ¿como le voy a decir que no?, ¿qué van a pensar de mí: ella, sus amigas, mis amigos, o yo mismo, si no cumplo como un hombre? Aun así, esto no es lo que suele ocurrir. Lo normal es que el hombre tome la iniciativa para dejar en manos de la mujer el arma letal: el ‘no’ y la descalificación. Del romance y del ‘no’ se encarga la mujer, la que maneja los tiempos, el deseo del hombre y su propio deseo; la persecución del objetivo corre a cargo del hombre. El retraso de la aceptación sexual permite a la mujer afirmar su poder, mientras el hombre llega al objetivo más cansado y desgastado. DEspués de lo que le ha costado, le dará valor a la conquista. A las mujeres les han enseñado que después de entregarse al sexo, que ‘es lo único que buscan los hombres’, solo les queda esperar el abandono.

Según la antropóloga Helen Fisher, ‘dado que en el 99.5% de las culturas de todo el mundo las mujeres solo se casan con un hombre, parece lógico pensar que la preferencia por un único esposo es el modelo de pareja que más funciona en la mujer’. DE esta manera, la mujer recibe el apoyo del hombre, a cambio de una conducta monógama que le convenza de su paternidad. La monogamia en la mujer es la única razón que permite al hombre estar seguro de su paternidad. ASí, el hombre invierte en su descendencia y la mujer se beneficia de disponer de un hombre dedicado a ella y a sus crías. Los hijos de una madre promiscua no suelen contar con el apoyo del padre, por ello no sobreviven tan fácilmente como los de las madres monógamas. Tanto hombres como mujeres, tenemos un miedo espantoso de perder al otro. Cuando lo sentimos, nos desborda y  desborda nuestras relaciones. Desde ahí nos relacionamos, y para ello necesitamos llegar a acuerdos que nos den una  cierta seguridad y confianza.

Por lo visto hasta ahora, si nos atenemos a lo estrictamente corporal e instintivo, el hombre encajaría de una forma más natural en un esquema de promiscuidad que en uno de fidelidad a una mujer. El hombre ancestral necesita conquistar mujeres e inseminarlas por necesidad biológica y para asegurar la supervivencia y la reproducción de la especie. De diferente manera, si nos atenemos a lo estrictamente corporal e instintivo, la mujer encajaría de una forma más clara y natural en un esquema de fidelidad hacia el hombre. A cambio de la fidelidad de la mujer y para asegurarse de que sus hijos son suyos, desde el encuentro y el compromiso con la mujer, el hombre es fiel.

Según un estudio antropológico realizado por el psicólogo evolucionista Donald Symons: “los hombres se sienten inclinados en mucha mayor medida que las mujeres, a desear una gran variedad de parejas sexuales simplemente por el gusto de variar”. El psicólogo clínico Willard F. Harley Jr., especialista en relaciones de pareja, explica: “Uno de los estudios más extraños sobre el comportamiento humano se refiere a los hombres casados que se sienten atraídos por otras mujeres. He conocido a banqueros, políticos de éxito, pastores de iglesias importantes, personalidades en muchos ámbitos de la vida, que han tirado por la borda sus carreras y han dejado perder los logros de toda una vida por una relación sexual especial. Me explican sin ambigüedades, que sin esa relación, su vida dejaría de tener sentido”.

En todas las encuestas sobre infidelidad, el hombre infiel destaca por encima de la mujer. Además, se hace mención del avance que experimentan ellas. Resalta la capacidad de disimulo y ocultación de la mujer infiel, además de su percepción extra-sensorial para descubrir la infidelidad en el hombre. Existe incluso una web dedicada profesionalmente a organizar coartadas para adúlteros:: hacen invitaciones para seminarios falsos, emiten billetes de avión que nunca han volado,… En ese mismo sentido, los detectives privados hacen su agosto durante todo el año.

En el s.XXI, es evidente que la supervivencia de la especie no está en peligro: somos unos 6.000 millones de personas habitando el planeta. La preocupación va más dirigida a la superpoblación que a la falta de efectivos. LA sociedad actual no necesita un hombre inseminador, el planeta está más que poblado. Aun así, por los millones de años de evolución que nos anteceden, instintiva y fisiológicamente, al hombre le sigue apretando la necesidad sexual: necesita satisfacción sexual con asiduidad, ir con varias mujeres, conocer la variedad y la diversidad. Este proceso debería poderlo experimentar, sobre todo en la adolescencia.

Más allá de las relaciones de pareja, es interesante observar los rituales de flirteo y cortejo que se dan entre hombre y mujer. Veamos qué sucede en las discotecas… EL hombre, además de mostrar sus facultades físicas-estéticas, debe superar varias y serias dificultades hasta llegar a la mujer. Necesita obtener el consentimiento de ella, que no lo va a poner fácil. Si puede ir más allá del miedo que siente, el hombre utiliza todas las capacidades y recursos que están en sus manos, y más. PAra empezar, observa. Desde el deseo que siente, observa las señales que le atraen; un escote pronunciado, unos pantalones estrechos, las piernas desnudas de una falda, el movimiento de un cuerpo, una mirada sugerente,… Desde sus facultades, empieza a mostrarse para que se le vea. Se acerca a la mujer que le atrae, baila con ella o cerca de ella, y de vez en cuando le dice algo. Del antiguo ‘¿estudias o trabajas?’ hemos pasado al ‘¿te estudio o te trabajo?’. Si estudias bien, tienes la posibilidad de obtener el trabajo que quieres, apruebas el examen y te llevas a la chica. Eso sí, para que el estudio sea efectivo, deberá llevarse a cabo en cuerpo y alma. Las mujeres en cambio, no necesitan estudiar a los hombres porque los ‘adivinan’. En el mejor de los casos, el hombre conectará con la mujer y conseguirá su objetivo. En el mayor de los casos, se sentirá frustrado por no haber encontrado ninguna mujer disponible. Por más que lo ha intentado, su necesidad sexual es aplazada y se vuelve a casa preguntándose qué ha hecho mal. Sin poder hallar respuestas a tantas preguntas, ¿qué hace con toda la energía sexual que hace un momento ha movilizado?… En la medida en que no podemos tener satisfacción directa con el otro, si lo que obtenemos es frustración y la consiguiente soledad, nos desviamos de nuestro objetivo sexual primero que es la mujer, para acercarnos a la perversión sexual. Es decir, nos decantamos por una versión periférica de la sexualidad que no es la original.

Eleconomista.es publica una lista de las industrias que más dinero mueven en el mundo según el popular blog estadounidense ‘Busines Pundit’. En primer lugar se sitúa la industria y el comercio de la droga. En segundo lugar, la prostitución: mueve nada menos que 108.000 millones de dólares al año. Detrás de la prostitución viene la industria armamentística. En cuarto lugar la banca, y en quinto la pornografía. Aunque reconocen las dificultades del cálculo, dan una cifra aproximada que se sitúa alrededor de los 97.000 millones de dólares facturados en el 2006. Cada segundo hay una media de 28.000 usuarios consultando pornografía online, sólo en Estados Unidos. Es más, según un estudio de Online MBA, el 12% de las páginas web son pornográficas, y el 25% de las búsquedas están relacionadas con contenido pornográfico. El 70% de los hombres entre 18 y 24 años miran páginas de contenido sexual, al menos una vez al mes. Los últimos datos publicados señalan que los 200 estudios de cine porno estadounidense facturan más que toda la industria de Hollywood. A modo de curiosidad decir que en séptimo lugar de la lista se sitúa la industria farmacéutica, y en octavo el alcohol.

La masturbación para muchos hombres adultos, se mantiene como parte esencial de su vida sexual. No da la satisfacción que proporciona el placer sexual directo con la mujer, pero circunstancialmente ‘calma’ el malestar. La masturbación es una opción sexual para aquellos que no tienen pareja, o para aquellos que aun teniendo, no les es posible consumar el acto sexual. DEsde esta realidad, surgen algunas cuestiones que sería interesante plantearse: ¿consideramos la visión de la pornografía un acto de infidelidad?, ¿qué es realmente ser infiel? Estando comprometidos, ¿consideramos infidelidad el pensar en otra mujer cuando nos masturbamos?, ¿en qué se sustenta la fidelidad a la que nos comprometemos?, ¿qué hay de cierto en ella? … Parece claro que lo realmente importante es que el cónyuge, hombre o mujer, no se vaya de hecho con otro u otra. Si la mujer con la que estamos comprometidos, cuando sentimos ganas de tener sexo nos dice que no está disponible, ¿qué hacemos? … Hemos llegado a un acuerdo de fidelidad con ella, pero pongamos por caso que la mayoría de veces que queremos tener sexo, por las cuestiones que sean, no es posible… ¿qué hacemos entonces? La infidelidad de pensamiento o de facto, es más que una probable salida para descargar una energía tan potente como la sexual, y al mismo tiempo mantener viva la relación de pareja.

En las sociedades occidentales predomina la relación conyugal en que el hombre y la mujer se comprometen a ser fieles. La fidelidad es uno de los principios fundamentales de la constitución conyugal, faltar a ese principio es faltar al compromiso con todas sus consecuencias. Quizás la fidelidad es un aprendizaje que tanto hombres como mujeres podemos realizar en nuestra evolución. El sexo y la fidelidad son dos de las asignaturas pendientes del ser hombre: la fidelidad sentida e integrada  en uno mismo sin grandes represiones o esquemas rígidos adquiridos desde la obligación y lo socialmente aceptable. La fidelidad se erige dentro de un pacto, para construir junto al otro y evitar daños mayores. Evidentemente, si me he comprometido a ser fiel, desde el momento que soy infiel estoy engañando a mi pareja y me estoy engañando a mi mismo. Si he asumido el compromiso de fidelidad pero en un momento dado me planteo irme con otra mujer, sería bueno preguntarme: ¿cómo está mi relación de pareja?, ¿qué me pasa a mí si mi pareja se va con otro?, ¿qué consecuencias puede tener para mí y para mi relación de pareja?, ¿puedo asumirlo? … ¿Qué me pasa internamente, corporalmente, para que me quiera ir con otra mujer?… SI la situación continúa en la línea que llevamos, como dice Walter Riso, ‘seremos legal y aparentemente monogámicos, y secretamente poligámicos’.

Todas las relaciones de pareja tienen altibajos. Las desavenencias y conflictos no resueltos que se van sumando en la cotidianidad y la convivencia, pueden pasar factura y crear distancia entre los miembros de la pareja. DEsde ahí puede descuidarse la relación, ampliando cada vez más la distancia entre los cónyuges. COn suerte para la continuidad de la pareja, se establecerán puentes de diálogo que pongan sobre la mesa las cuestiones pendientes. A pesar de todo, por la dificultad que tenemos en relacionarnos, lo más probable es que no se hable y tenga que surgir un conflicto que lo destape todo: un día el hombre se queja de que ha pasado un mes y no se ha hecho el amor una sola vez; o la mujer se queja de que el hombre no cumple con las tareas del hogar. Si desde el diálogo se llega a acuerdos, la situación puede revertir y recuperar el sentido que la relación tenía antes de que se fuera abandonando. A Menudo sucede que sin darnos cuenta, la relación de pareja se descuida. LA imagen sería la de un huerto en el que las malas hierbas y los parásitos se han ido propagando. Mientras todo este proceso se da, pueden pasar semanas, meses, incluso años, sin ser conscientes de ello. LA posibilidad de infidelidad lo puede llegar a confundir todo, aún más si cabe. En la mayoría de ocasiones, la infidelidad es una vía de escape para no afrontar las dificultades y conflictos que tenemos con nosotros mismos y con nuestra pareja. Negamos el conflicto y de un escobazo lo escondemos bajo la alfombra para seguir adelante. Un día, un golpe de aire lo esparce todo y lo pone ante nosotros con mayor gravedad. Hay relaciones de pareja que así eternizan su vida, como también cronifican una vía de escape con un o una posible amante.

Sexualidad y afectividad son los dos grandes pilares instintivos que sostienen la relación de pareja. Si ambas necesidades no están más o menos cubiertas, la insatisfacción y las reacciones emocionales que la acompañan tienen a acumularse y a buscar una posible expresión. En función de la historia personal de cada una de las partes, el diálogo para llegar a acuerdos será más o menos dificultoso. Se hace necesario atender a lo que nos pasa, para aprender a relacionarnos, y más que nada, para no seguir una dinámica sin fin de ir de pareja en pareja, repitiendo los mismos bloqueos que cada uno lleva dentro.


Versión en PDF : 6.SONSH_La_fidelidad_y_otras_cuestiones_sexuales.pdf

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