No more Mr Nice Guy! libro en español (3/x) – La creación del hombre bueno

Finalicé el capítulo anterior con la siguiente pregunta: “Debe de haber una razón significativa y convincente para que parezca racional, a los ojos de una persona, el intentar eliminar y ocultar cosas acerca de sí mismo así como tratar de convertirse en algo diferente a lo que es. ¿Por algunas personas intentan cambiar lo que en verdad son?

Después de examinar durante varios años, y desde múltiples ángulos, el síndrome del hombre bueno, para mí solo hay una respuesta con sentido para esta pregunta: porque un chico o un hombre no se siente seguro ni aceptado por ser sólo como realmente es. Convertirse en un hombre bueno es una manera de tratar con situaciones en las que uno no se siente seguro ni aceptado siendo tal y como es. Más aun, la única cosa que hace que un niño o un adulto sacrifique su propio yo para intentar convertirse en algo completamente diferente, es la creencia de que ser como uno es, debe ser algo malo y/o peligroso. La premisa de este libro es que durante los años de formación de la infancia y la niñez, todos los hombres buenos recibieron de sus familias y de aquellos alrededor suyo, mensajes de que no era seguro, aceptable o deseable para ellos ser quienes eran, ni comportarse como ellos eran.

Así que ¿cómo recibieron estos mensajes los hombres buenos y por qué respondieron a estos mensajes de la forma en que lo hicieron? Lo que sigue a continuación es una corta explicación de cómo las familias y la sociedad convirtieron a unos pequeños niños perfectos en hombres que creían que tenían que ser “buenos” para poder ser amados.

hombre bueno

Lidiando con el abandono

La época en la que una persona es más influenciable es la que va desde el nacimiento hasta los cinco años. En estos primeros años, la personalidad del niño se ve fuertemente influenciada por su entorno. Es durante este periodo que los paradigmas se empiezan a establecer. Puesto que las influencias más fuertes en este periodo son los padres y la familia más cercana, es aquí donde vamos a empezar nuestra investigación acerca de los orígenes del síndrome del hombre bueno.

Hay dos hechos importantes que debemos entender acerca de los niños. El primero es que cuando los niños llegan a este mundo están totalmente indefensos. Son completamente dependientes de otros para que reconozcan y respondan a sus necesidades de forma apropiada y a tiempo. Como consecuencia de esta dependencia, el mayor miedo de todo niño es el abandono. Para un niño, el abandono significa la muerte.

El segundo es que los niños son ego-céntricos. Esto significa que los niños sienten que son el centro del universo y que todo lo demás gira alrededor suyo. Como consecuencia, también creen que ellos mismos son la causa de todo lo que les sucede.

Estos dos factores (el miedo al abandono y su ego-centrismo) crean una poderosa dinámica en los niños. Cuando un niño experimenta cualquier tipo de abandono, siempre creerá que él es la causa de lo que le ocurre.  Esta experiencia de abandono puede relacionarse con alguna de las situaciones listadas a continuación:

  • Tiene hambre y nadie le alimenta
  • Llora y nadie le atiende
  • Está solo y nadie le presta atención
  • Uno de los padres se enfada con él
  • Uno de los padres le descuida
  • Uno de los padres proyecta expectativas irreales sobre él
  • Uno de los padres le utiliza para satisfacer sus propias necesidades
  • Uno de los padres le avergüenza
  • Uno de los padres le pega
  • Uno de los padres no le quiere
  • Uno de los padres le deja solo y no vuelve en un tiempo prudencial

Debido a que todos los niños nacen en un mundo imperfecto y en una familia imperfecta, todos los niños tienen experiencias de abandono. Y aunque su creencia de que ellos mismos son la causa de estos eventos dolorosos, es en verdad una interpretación poco precisa de su vida, el niño no tiene otra manera de interpretar el mundo.

Vergüenza tóxica

Estas experiencias de abandono y su interpretación simple y ego-céntrica, dan forma  a la creencia de que no es aceptable para el niño mostrarese como en verdad es. El niño llega a la conclusión de que ‘algo malo debe de haber en él, para que personas importantes de su vida le abandonen’. Siendo niños, todavía no tienen ninguna manera de entender que sus experiencias de abandono no están causadas por algo relacionado con ellos, sino por algo relacionado con las personas que supuestamente tenían que reconocer y satisfacer sus necesidades.

Esta interpretación simple y ego-céntrica de sus experiencias de abandono dio forma a un estado psicológico denominado ‘vergüenza tóxica’. La vergüenza tóxica es la creencia de que uno es inherentemente malo, defectuoso, diferente, o indigno de ser amado. La vergüenza tóxica no es solo la creencia de que uno puede hacer cosas malas, es una creencia central y profunda de que uno ‘es malo’.

Mecanismos de supervivencia

Como resultado de estas experiencias de abandono y de la interpretación incorrecta de estos sucesos, todos los niños desarrollan mecanismos de supervivencia que les ayudan a hacer tres cosas muy importantes :

  1. intentar lidiar con el estrés emocional y físico de ser abandonado,
  2. intentar evitar que sucesos similares se produzcan de nuevo,
  3. intentar ocultar la vergüenza tóxica que sienten, a sí mismos y a otros.

Los niños encuentran multitud de formas creativas para intentar conseguir los objetivos anteriores. Dado que su visión, experiencia y recursos son limitados, los mecanismos de supervivencia aplicados son a menudo ineficaces y a veces claramente ilógicos. Por ejemplo, un niño que se siente solo podría portarse mal de una forma que seguramente atraerá la atención de los padres de forma negativa. Aunque puede parecer ilógico que un niño busque atención negativa de sus padres, las consecuencias de este comportamiento quizás no sean tan desagradables como el sentimiento de soledad o aislamiento.

Intentar ser ‘bueno’ (intentar ser como crees que los otros quieren que seas) es solo una de las múltiples opciones que un niño pequeño puede crear como resultado de experiencias de abandono y de la internalización de la vergüenza tóxica.

El origen del paradigma del hombre bueno

Cuando empecé a explorar mis propias actitudes y comportamientos relacionados con el ‘hombre bueno’, no tenía ni idea de cómo las diferentes piezas iban a encajar. Yo creía que provenía de una familia bastante buena, y que había vivido una vida también bastante agradable. A medida que empecé a observar a otros hombres con los que compartía rasgos de comportamiento similares, me encontré con la misma falta de visión acerca de los orígenes de nuestro propio mundo emocional y de nuestros patrones de comportamiento.

Cuando eran preguntados acerca de su infancia, los hombres buenos con frecuencia respondían que habían crecido en familias ‘perfectas’, ‘buenas’, ‘sin tacha’, ‘maravillosas’. Sin embargo estos hombres aprendieron a esconder sus defectos y decidieron convertirse en aquello que creían que los otros querían que fueran. Estos factores indicaban que en algún momento de su infancia, sus circunstancias fueron algo menos que ideales.

Alan, Jason y José son todos hombres buenos. Cada uno de estos hombres tuvo experiencias diferentes en su infancia. Cada uno de ellos es único en la forma en la que el guión del hombre bueno se desarrolló en su vida adulta. A pesar de sus diferencias, todos ellos desarrollaron una profunda creencia interna de que no estaba bien ser tal y como eran. Como resultado de su vergüenza tóxica, cada uno de ellos desarrollo un paradigma de vida que incluía la búsqueda de aprobación y la ocultación de sus auto-percibidas faltas. Todos ellos creían que estas estrategias de vida eran necesarias si querían mantener alguna esperanza de ser amados, de poder cubrir sus necesidades, y de tener una vida libre de problemas.

Alan

El mayor de tres hermanos en una familia monoparental, Alan se enorgullecía de nunca haber causado a su madre un momento de dolor. De niño, siempre se le dieron bien los deportes y la escuela. Alan creía que estas cosas le diferenciaban de sus hermanos y hacían que su madre estuviera orgullosa de él. Alan fue la primera persona de su familia en obtener un título universitario, otro factor que creía que le hacía especial.

El padre de Alan era un alcohólico de personalidad agresiva, que abandonó a la familia cuando Alan tenía siete años. A una edad temprana, Alan tomó la decisión de ser completamente diferente a su padre. Como resultado, se enorgullecía de ser paciente, generoso y equilibrado. Alan trabajó duro para no enfadarse nunca y para no desmerecer a nadie, como hacía su padre. Se convirtió en un líder activo de su grupo de jóvenes de la iglesia y nunca bebió alcohol o tomó drogas siendo adolescente.

La madre de Alan, fundamentalista cristiana, crió a Alan dentro de una secta que predicaba el fuego del infierno. Al final Alan llegó a creer que era un ‘pecador’ por tener pensamientos, impulsos y comportamientos normales. Aunque siempre trabajó duro para ser un buen cristiano, internamente vivía con el miedo constante a cometer un error y a sufrir por ello un castigo eterno.

Alan creía que su madre era una santa, pues estaba convencido de que ella haría cualquier cosa por sus hijos. Su madre siempe escuchaba y nunca criticaba. A menudo, ella y Alan se compadecían el uno al otro acerca de todo lo ‘malo’ que su padre había hecho.

En más de una ocasión, la madre de Alan le explicó que estaba criando a sus hijos para que fueran diferentes de como era su padre. Ella quería que crecieran siendo generosos, pacíficos y respetuosos con las mujeres. De adulto, Alan continúa en contacto con su madre y desde luego hace todo lo posible para que su vida sea cómoda.

Jason

Jason, del cual ya hablamos en el capitulo uno, creía que había crecido en una familia bondadosa y tradicional. La verdad es que los dos padres de Jason vivían su vida a través de sus hijos. Aunque Jason veía su infancia como ‘ideal’, en verdad sus padres le utilizaron a él y a sus hermanos para cubrir sus propias necesidades.

Jason creía que sus padres eran ‘perfectos’. Los describía como estrictos y sobreprotectores. Él mismo reconocía que había sido excesivamente protegido y que sexualmente era bastante ingenuo. También llegó a reconocer que era posible que sus padres le hubieran ‘contenido‘ en su desarrollo.

El padre de Jason dirigía a la familia con firmeza. Jason explicó que su padre trataba incluso de controlar su vida. Jason compartía con su padre una consulta quiropráctica, aunque era su padre el que llevaba el negocio. Su padre le dijo tambuén qué casa comprar, qué coche conducir, y a qué iglesia asistir.

Jason describía a su madre como ‘una mujer maravillosa y amorosa’. Contaba de ella que siempre estaba haciendo algo con los niños. No tenía amigas propias, así que se volcaba en sus hijos para tener compañía y afirmación de su valía. Jason no podía recordar a sus padres demostrándose demasiado afecto entre ellos. No podía ni imaginárselos teniendo sexo, y se preguntaba como fueron capaces de tener tres hijos. Aunque es cierto que hacían mucha cosas con los niños, no podía recordar ninguna situación en la que salieran ellos solos a tomar algo o de vacaciones.

De adulto, Jason intentaba vivir de acuerdo a la imagen de perfección que recordaba de sus propios padres. Todo lo que hacía estaba calculado para parecer ‘bueno’: parecía un buen marido, parecía un buen padre, parecía un buen cristiano, y parecía un bien profesional. Y a pesar de todos sus esfuerzos, siempre se sentía inferior en comparación son sus padres.

José

José era un asesor empresarial de éxito, tremendamente asustado de las relaciones íntimas. José tenía una educación superior y una carrera profesional potente y estresante. Era físicamente activo y su idea de ocio consistía en salir treinta kilómetros en bicicleta o subir una montaña. Tenía por costumbre reprimir su ira así como intentar evitar que sus palabras y acciones pudieran molestar a alguien. Se veía a si mismo como ‘controlador‘, y reconocía que su droga ‘el reconocimiento’.

José se sentía atraído por mujeres dependientes. Él mismo reconocía que era interesante el hecho de que parecía atraer a víctimas de incestos. José mantenía su relación actual porque estaba seriamente preocupado acerca del bienestar financiero de su novia. Le preocupaba que ella no pudiera salir adelante si él se marchaba. José hablaba abiertamente de que procedía de una familia disfuncional. Era el segundo de siete hermanos de una familia de clase baja. Alrededor de los catorce años, tomó el rol de padre para sus hermanos menores. José comentaba que en su familia siempre había un tremendo caos y que veía su trabajo como una forma de proteger a sus hermanos y hermanas de los efectos de ese caos.

José veía a su padre como una persona iracunda, controladora y abusiva. Era de temperamento explosivo y humillaba a los chicos al tiempo que abusaba sexualmente de las chicas.

La madre de José era maniaco-depresiva. Tenía cambios de humor extremos, y le costaba mantenerse en su medicación. Cuando estaba maníaca, la casa estaba inmaculada, hablaba de agradar a políticos y gente conocida, y empezaba a tener relaciones sexuales destructivas. Cuando estaba depresiva, las ventanas estaban siempre tapadas, la casa era un desastre, e intentaba suicidarse. Cuando tenía quince años, José tuvo que romper una puerta y quitarle a su madre de las manos una pistola cargada. Su madre amenazaba con suicidarse mientras los siete hijos la miraban aterrorizados. José relataba que escenas similares fueron algo habitual durante su infancia y juventud.

José trabajó duro toda su vida para ser diferente de ellos. Su familia le tenía en un pedestal y era la persona a la que contactaban en caso de que cualquiera de ellos estuviera en problemas. Su trabajo como miembro de la familia era solucionar el caos. Su trabajo como consultor empresarial era solucionar el caos. Su rol en las relaciones era solucionar el caos. El guión de la vida de José necesitaba el caos, porque sin el caos, José no tenía sentido. José consideraba que su inteligencia natural, su ética de trabajo y su habilidad para solucionar problemas, eran su ‘gracia salvadora’. Eran estos factores los que, según su visión, le habían permitido escapar de su familia disfuncional y hacer algo con su vida. Sin ellos, estaba convencido de que habría acabado como sus padres y como el resto de sus hermanos.

El desarrollo del niño

Alan, Jason y José tuvieron experiencias de infancia muy diferentes, y sin embargo, los tres desarrollaron un guión similar que regía sus vidas. Cada uno, a su manera, internalizó la creencia de que no eran ‘aceptables‘ tal y como eran, y que su supervivencia dependía de convertirse en algo diferente. Para ayudarnos a conectar los puntos y ver como tres experiencias infantiles tan diferentes pueden crear tres hombres con paradigmas similares, puede ser interesante hacer un rápido repaso de los principios del desarrollo del niño presentados anteriormente en este capítulo.

  1. todos los niños nacen totalmente indefensos
  2. el mayor miedo de un niño es el abandono
  3. todos los niños son ego-céntricos
  4. todos los niños tienen múltiples experiencias de abandono (sus necesidades no son atendidas a tiempo y de una manera adecuada)
  5. cuando un niño tiene una experiencia de abandono, siempre piensa que él es el causante
  6. esta interpretación ingenua crea vergüenza toxica (la creencia de que uno mismo es ‘malo’)
  7. los niños desarrollan mecanismos de supervivencia para intentar lidiar con sus experiencias de abandono, intentar que no se repitan, e intentar ocultar sus ‘errores’ de otros y de si mismos
  8. estos mecanismos de supervivencia reflejan la visión ingenua e indefensa que el niño tiene acerca del mundo

De pequeños niños perfectos a hombres buenos

Los principios anteriores pueden ser aplicados a las experiencias de la infancia de Alan, Jason y José y a la de cualquier otro hombre bueno descrito en este libro. La progresión desde un pequeño niño perfecto hasta un hombre bueno, ocurre en tres fases: abandono, internalización de la vergüenza tóxica y creación de mecanismos de supervivencia.

  • Abandono

Como todos los hombres buenos, Alan, Jason y José fueron abandonados de varias maneras :

Alan y José tenían un padre iracundo y crítico que les comunicaba que no eran aceptados tal y como eran. Alan adoraba a su madre, pero su madre no intervenía cuando su padre se enfadaba con Alan. Esta actitud implicaba que Alan no era merecedor de su protección.

Alan llegó a la conclusión de que tenía que ser diferente a su padre si quería ser percibido como un buen hombre por su madre y así poder ser amado por ella.

Alan y Jason fueron utilizados por sus padres. Eran valorados por hacer siempre lo correcto y por no generar problemas. Esto comunicaba que solo serían amados si estaban a la altura de las expectativas de sus padres.

Puesto que Jason creía que sus padres eran ‘perfectos’, él siempre se sintió inferior comparado con ellos.

Ninguno de los padres de José proporcionó guía, apoyo o soporte. Esto comunicaba que él tenía muy poco o ningún valor.

Alan y Jason crecieron en un entorno cristiano fundamentalista que reforzaba la necesidad de ser perfecto y sin tacha. Fallar en esto equivalía al castigo eterno.

José creía que solo sería valioso si podía ser diferente a su loca familia disfuncional.

Los tres, Alan, Jason y José, creían que las necesidades de otro eran más importantes que la suyas, una idea recurrente entre las familias que crean hombres buenos.

Todas estas experiencias representan una forma de abandono porque comunican que estos niños pequeños no son perfectos tal y como son.

  • Vergüenza

Independientemente de si fueron abusados, abandonados, dejados, avergonzados, utilizados, humillados o controlados, todos los hombres buenos internalizan la misma creencia : era malo o peligroso mostrarse como en verdad son.

Algunos de estos mensajes eran comunicados abiertamente por padres que no tenían ningún tipo de preocupación por el bienestar del niño. Otros eran comunicados de forma indirecta, por padres que se ocupaban, pero que eran demasiado jóvenes, o estaban demasiado saturados, o distraídos, como para proveer un entorno sano y seguro para el niño. A veces, estos mensajes se comunicaban a través de circunstancias que estaban fuera del control de todos los implicados.

En cada situación, el niño creía que esos eventos explicaban una historia acerca de él. Creía que había algo en él que causaba estas situaciones. Utilizando la lógica de un niño, la conclusión es que ‘tiene que haber algo mal conmigo, porque ________’ y aquí cada uno puede rellenar con lo que considere, por ejemplo :

  • cuando lloro, nadie viene
  • mama tiene esa expresión en su cara
  • papá se marchó y no volvió
  • mama tiene que hacerlo todo para mí
  • papá me grita
  • no soy perfecto como papá y mamá
  • no puedo hacer feliz a mamá

Estas experiencias de la infancia también provocaron que el joven creyera que ‘solo soy lo bastante bueno y digno de ser amado cuando _______’ y de nuevo podemos rellenar con varios ejemplos :

  • soy diferente de papá
  • mamá me necesita
  • no cometo ningún error
  • saco buenas notas
  • estoy feliz
  • no soy como mi hermano
  • no causo problemas a nadie
  • hago que papá y mamá estén felices
  • Mecanismos de supervivencia

Como resultado de sus experiencias de abandono y de la incorrecta interpretación de estos sucesos, todos los hombres buenos desarrollan mecanismos de supervivencia que les ayudan a conseguir tres cosas muy importantes :

  1. intentar lidiar con el dolor y el pánico causado por las experiencias de abandono
  2. intentar que estas experiencias no se repitan de nuevo
  3. intentar esconder la vergüenza tóxica que sienten, a sí mismos y a los demás

Para los hombres buenos, este mecanismo de supervivencia toma la forma del siguiente paradigma vital :

  • Si puedo ocultar mis faltas y convertirme en aquello que creo que los demás quieren …
  • … entonces seré amado y mis necesidades serán cubiertas, y tendré una vida libre de problemas.

Es este paradigma, forjado en la infancia, el que guía y controla todo lo que los hombres buenos hacen en su vida adulta. Aunque está basado en interpretaciones erróneas de sucesos de su infancia, es la única guía que estos hombres tienen. Los hombres buenos creen que este mapa es preciso, y que si lo siguen correctamente, entonces llegarán al lugar que desean (una vida tranquila y feliz). Aunque este guión de vida es a menudo altamente ineficaz, los hombres buenos acostumbran a seguir intentándolo con fuerzas renovadas, haciendo más de lo mismo, esperando resultados diferentes.

Dos tipos de hombres buenos

El mecanismo de supervivencia que desarrollan los hombres buenos para lidiar con sus experiencias de abandono y con la vergüenza tóxica internalizada, se suelen manifestar de dos maneras. En una de ellas, el hombre bueno exagera su creencia acerca de su ‘no validez’ y cree que es la peor persona del mundo. A este hombre le llamo el hombre bueno ‘soy tan malo’.

El hombre bueno ‘soy tan malo’ está convencido de que todos pueden ver lo malo que es. Incluso puede dar ejemplos concretos de mal comportamiento durante la infancia, la adolescencia, y ya de adulto, los cuales apoyan su creencia principal acerca de sí mismo. Puede contar que de pequeño rompió ventanas y por ello recibido azotes. Puede contar que de adolescente tuvo enfrentamientos con la ley, y que eso hacía llorar a su madre. De adulto contará historias de bebida, cigarrillos, drogas y rebeldía. Está convencido de que su única esperanza para conseguir algo de felicidad en esta vida es ocultar lo que pueda de su inherente maldad. En verdad él mismo no se cree que alguien puede comprar su imagen de buena persona, pero tampoco tiene ninguna otra opción.

El segundo tipo de hombre bueno es el ‘soy tan bueno’. Este tipo de hombre maneja su vergüenza interna reprimiendo su creencia acerca de su poca valía. Cree que es uno de los mejores hombres que te vas a encontrar. Cuando es consciente de algún defecto, lo percibe como algo menor, y fácilmente corregible. De niño nunca dio ningún problema. De adolescente lo hizo todo bien. De adulto, sigue las reglas como debe ser. Este hombre bueno ha relegado su creencia acerca de su poca valía a su inconsciente, muy profundamente. Enmascara su vergüenza interna con la creencia de que todas las cosas buenas que hace le convierten en una buena persona.

Si bien ambos tipos de hombres buenos difieren en su percepción consciente de su vergüenza tóxica, ambos operan desde el mismo paradigma. Todos los hombres buenos creen que no está bien ser como son, y por lo tanto, deben ocultar sus faltas y convertirse en aquello que otras personas quieren que sean.

Hago la distinción entre los dos tipos de hombres buenos para ayudar a ver las distorsiones de ambos. Ninguno de ellos es tan bueno o tan malo como creen ser. Los dos son almas heridas operando desde un sistema de creencias basado en las percepciones inexactas de sucesos de su infancia.

Actividades de libertad #3

Es imposible cubrir todos y cada uno de los factores que llevan a que un joven intente esconder sus auto percibidas faltas y que decida buscar la aprobación de los demás. Creo que no es necesario descubrir todas las experiencias que alguna vez nos hicieron sentir ‘malos’ o ‘inseguros’. Pero sí he descubierto que tener un mínimo entendimiento acerca de donde y como se origina un guión de vida es de mucha ayuda a la hora de cambiar dicho guión.

Relee las historias de Alan, Jason y José. Reflexiona acerca de cómo estas historias son similares a las de tu propia infancia. En una hoja de papel separada o en un diario, escribe o ilustra los mensajes que recibiste de tu familia que parecían implicar que tú no eras ‘correcto’ tal cual eras. Comparte estas experiencias con una persona segura. A medida que lo haces, anota tus emociones. ¿Te sientes triste, solo, tonto? Comparte también estas informaciones.

El propósito de estos actos es nombrar, en ningún caso culpar.  La culpa te mantendrá atascado. Nombrar las experiencias de la infancia que te llevaron a creer que no era seguro mostrarse tal y como eras, permitirá que reemplaces estos mensajes por otros más precisos que te ayudarán a su vez a modificar tu guión de vida.

La generación del baby-boom y el hombre sensitivo

Todo niño que ha experimentado la vida ha experimentado también diversas formas de abandono. Hay varias maneras en las que un niño puede interpretar y responder a estos sucesos. Como se ha indicado antes, convertirse en un hombre bueno es solo una de las posibles reacciones. Las experiencias de la infancia descritas anteriormente quizás no sean suficientes, por sí solas, para justificar la gran cantidad de hombres buenos que habitualmente me encuentro.

No tengo ninguna duda de que los hombres buenos han existido siempre. Estoy seguro de que nunca el mundo ha tenido escasez de hijos de mamá, ni de maridos dominados por su mujer. Creo que muchos niños nacen con un carácter pacífico y generoso y crecen para ser unos hombres pacíficos y generosos. Pero después de años de trabajar con incontables hombres, estoy convenido de que la combinación de una determinada dinámica social durante las últimas cinco décadas ha tenido como resultado la producción de una plétora de hombres buenos en una cantidad sin precedentes en la historia.

Para entender verdaderamente el fenómeno del síndrome del hombre bueno actual, tenemos que tener en consideración una serie de cambios significativos en el entorno social que empezaron a formarse a principios de siglo, y que se aceleraron durante la Segunda Guerra Mundial. Estas dinámicas sociales incluían:

  • la transición de un mundo agrícola a uno industrial
  • el traslado de las familias de un ambiente rural a zonas urbanas
  • la ausencia de padres en el hogar
  • el aumento de los divorcios, las familias monoparentales, y los hogares encabezados por mujeres
  • un sistema educativo dominado por las mujeres
  • la liberación de la mujer y el feminismo
  • la guerra de Vietnam
  • la revolución sexual

Todos estos eventos se combinaron para generar un gran impacto en el crecimiento de los niños americanos de esta época. Estos cambios sociales crearon tres profundas dinámicas que contribuyeron a expandir el fenómeno del síndrome del hombre bueno entre la generación del baby-boom.

  1. Los chicos fueron separados de sus padres así como de otros modelos de roles masculinos. Como resultado, los hombres crecieron desconectados de otros hombres y, generalmente, confundidos acerca de qué significaba ser un hombre.
  1. Los chicos fueron criados por mujeres. El trabajo de convertir a los niños en hombres fue dejado a las madres y a un sistema escolar dominado por mujeres. Como resultado, los hombres se encontraron cómodos en un entorno en el que su masculinidad era definida por mujeres, y se volvieron dependientes de la aprobación de estas mujeres.
  1. El feminismo radical implicaba que los hombres eran malos y/o innecesarios. Los mensajes del feminismo radical alimentaron la creencia de muchos hombres de que si querían ser amados y tener sus necesidades atendidas, tenían que convertirse en aquello que creían que las mujeres querían de un hombre. Para muchos hombres, esto significaba ocultar cualquier rasgo que pudiera causar que se les etiquetara como hombres ‘malos’.

Historia del sigo XX

A continuación un breve repaso de cómo algunos de los cambios sociales de la última mitad del siglo XX ayudaron a crear la gran cosecha de hombres buenos en nuestra cultura

  • La pérdida de los padres

El cambio hacia una sociedad manufacturera y urbana en los años posteriores a la guerra desplazó a los padres lejos de sus hijos. De acuerdo a la información del censo de los Estados Unidos, en 1910 una de cada tres familias vivía en granjas. En 1940 este número descendió a una de cada cinco. En 1970 el 96% de las familias vivían en zonas urbanas.

En una sociedad agrícola, los niños conectan con sus padres trabajando junto a ellos en el campo. A menudo este contacto era ampliado a la familia en su sentido más amplio, incluyendo a los abuelos, tíos y primos. Este contacto diario con hombres suministraba a los chicos una experiencia de intimidad con diversos roles y modelos masculinos. Los chicos aprendían acerca de ser hombres observando a sus padres, del mismo modo que sus padres habían aprendido observando a sus propios padres. A medida que las familias migraban desde las áreas rurales hacia las ciudades y los suburbios, después de la Segunda Guerra Mundial, el contacto entre padres e hijos se redujo drásticamente. Los padres dejaban la casa por la mañana y marchaban a trabajar. Muchos hijos nunca llegaron a ver lo que sus padres hacían, y mucho menos pudieron pasar tiempo con ellos.

Los padres también se volvieron ausentes de otras maneras: las adicciones al trabajo, la televisión, el alcohol y el sexo también los alejaron de sus hijos. El aumento de los divorcios también contribuyó a separar a los hijos de sus padres. Las estadísticas del censo indican que la incidencia del divorcio entre los hombres se triplicó entre 1940 y 1970. En 1940 solo uno entre 5 millones de hogares estaba encabezado por una mujer. En 1970 este numero se había triplicado hasta casi 13 millones de hogares.

En general, los hombres buenos con los que he trabajado dicen no haber tenido una relación cercana ni especial con sus padres durante la infancia. A veces era debido a que el padre debía trabajar durante muchas horas, o bien a que el padre se ausentaba, o incluso a que se tratase de padres pasivos. Lo más habitual es que los hombres buenos describan a sus padres con términos negativos. A menudo los perciben como controladores, iracundos, enfadados, abusivos, no disponibles, adictivos, o mujeriegos. Es habitual que en algún momento de su infancia, los hombres buenos hayan tomado una decisión consciente para ser diferentes de sus padres.

La no disponibilidad de los padres durante esta época hizo que muchas madres tuvieran que tomar el trabajo de los padres para con sus hijos. Las mujeres heredaron de hecho, el trabajo de convertir a los chicos en hombres. Desafortunadamente, incluso las madres más bienintencionadas no están equipadas para enseñar a sus hijos como ser hombres. Aún y así, lo siguen intentando.

Creo que la gran cantidad de hombres buenos producida en los años 40, 50 y 60 es el resultado directo de que las madres, en vez de los padres, estuvieron enseñando a sus hijos como ser hombres. Como consecuencia de ello, muchos hombres buenos han adoptado una perspectiva femenina acerca de su masculinidad y se encuentran cómodos permitiendo que su masculinidad sea definidas por mujeres.

  • El sistema educativo dominado por mujeres

El sistema educativo moderno también contribuyó a la dinámica de que los chicos sean guiados por mujeres en su paso a la adultez. Desde la Segunda Guerra Mundial, los chicos han estudiado en escuelas controladas por mujeres. Para muchos chicos, los primeros años de escuela se convierten en un curso básico de formación en como agradar a las mujeres. Desde preescolar hasta sexto de primaria, sólo tuve un profesor hombre y sin embargo tuve seis mujeres. Mi ejemplo es un reflejo fiel del estado del país en este tema.

Los hombres son uno de cada cuatro maestros en nuestro país. En los primeros cursos, representan solo un 15%, y este número está disminuyendo rápidamente. Desde el kindergarten, hasta preescolar y primaria, los pequeños niños de la era de la posguerra han estado rodeados de mujeres. Y han tenido muy poca disponibilidad de hombres adultos que les ayudasen durante esta experiencia. Si un chico ya estaba desconectado de su padre, y entrenado para agradar a una mujer, el sistema escolar típico solo magnificó este condicionamiento.

  • La guerra de Vietnam

En los años 60, la Guerra de Vietnam cristalizó el sentimiento de separación entre muchos hombres del baby-boom y sus padres. Líneas rojas fueron trazadas por hombres jóvenes que protestaban por una guerra iniciada y perpetuada por sus padres. La generación de veteranos de la Segunda Guerra Mundial no podían entender la irresponsabilidad y la rebeldía social de sus hijos. Los jóvenes de esta generación se convirtieron en la antítesis de sus padres y de unas instituciones que solucionaban los problemas domésticos e internacionales con rifles y con bombas. El movimiento pacifista creó una nueva variedad de hombres enfocados hacia el amor, la paz, y a evitar el conflicto.

  • La liberación de la mujer

Durante este mismo período de tiempo, muchas mujeres empezaron a trabajar fuera de casa, el control de la natalidad ofreció nueva libertad, y la liberación de la mujer empezó a tomar fuerza. Algunas madres durante la época del baby-boom podían ver que se acercaba un cambio de roles en el futuro. Ellas trabajaron para preparar a sus hijos e hijas para lo que estaba por venir. Muchas de estas madres criaron a sus hijas para no necesitar un hombre. Al mismo tiempo, criaron a sus hijos para ser diferentes que sus padres (para ser pacíficos, generosos, amables y atentos con las necesidades de la mujer).

El feminismo radical de los 60 y 70 proyectó una ira generalizada hacia los hombres. Algunas feministas defendían que el hombre era la causa de todos los problemas sobre la tierra. Otras afirmaban que los hombres eran una molestia innecesaria. Muy probablemente, la mayoría de las mujeres en esta época no sentían lo mismo acerca de los hombres. Sin embargo, había suficientes mujeres enfadadas contribuyendo al clima social que convenció a muchos hombres que no estaba bien ser como eran.

Frases como ‘los hombres son unos cerdos’, o ‘todos los hombres son unos violadores’ eran habituales en aquellos años. Algunos slogans feministas menos provocadores afirmaban que ‘una mujer necesita un hombre como un pez necesita una bicicleta’. Los hombres que ya venían condicionados a buscar la aprobación en las mujeres fueron especialmente susceptibles a este tipo de mensajes. Esto añadió un incentivo a estos hombres para tratar de adivinar qué es lo que las mujeres querían e intentar así cambiar su forma de ser para conseguir ser amados y tener sus necesidades cubiertas.

Los hombres blanditos y los hombres niño

Robert Bly, autor del libro Iron John, escribió acerca de cómo los cambios sociales de la era del baby-boom crearon una nueva generación de hombres americanos. Bly denomina a estos hombres los ‘hombres blanditos’. Bly escribe de ellos ‘son amables, gente valiosa (a mí me caen bien), no quieren herir a la tierra, ni empezar ninguna guerra. Tienen una actitud suave y respetuosa hacia la vida y hacia todo lo vivo. Pero muchos de estos hombres no son felices. Puedes notar fácilmente la falta de energía en ellos. Su comportamiento está orientado a preservar la vida, pero desde luego no son generadores de vida. Irónicamente, a menudo ves que estos hombres se juntan con mujeres fuertes, quienes irradian una energía positiva. Así que aquí tenemos a un joven perfectamente afinado, ecológicamente superior a su padre, alineado con toda la harmonía del universo, y sin embargo sin ningún tipo de vitalidad que ofrecer.’

Desde una perspectiva diferente, Camille Paglia escribe respecto a los cambios sociales de las últimas cinco décadas y en como han cambiado los roles de hombres y mujeres. ‘La mujer fuerte y capaz tiene que cambiar de personalidad cuando llega a casa. Tiene que refrenarse, si no quiere castrar a todo lo que se mueve en su entorno doméstico. Muchas mujeres blancas de clase media han esquivado este problema buscándose un buen hombre, un hombre maleable, fácil, un ‘hombre-niño’ que se convierte en otro hijo más dentro de la estructura matriarcal subliminal de la casa.’ (‘Politically incorrect desires’ Salon:edicion 49).

Independientemente de si llamamos a estos hombres ‘hombres blanditos’, o ‘ hombres sensitivos de la nueva era’, o ‘hombres buenos’, el hecho es que la combinación única de eventos sociales que coincidieron en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial reforzaron y magnificaron el mensaje que muchos chicos ya habían recibido durante su infancia en sus familias : que no estaba bien ser como eran. Estos eventos sociales amplificaron aun más la creencia de que si querían ser amados, tener sus necesidades cubiertas y tener una vida tranquila y sin problemas, tenían que ocultar sus defectos y convertirse en lo que otros (especialmente las mujeres) querían que fueran.

Mis observaciones de los últimos años apuntan a que en realidad el condicionamiento descrito anteriormente no finalizó con la generación del baby-boom. Cada vez me encuentro más y más hombres buenos de veinte años  e incluso adolescentes, que muestran todos los rasgos de comportamiento de un hombre bueno. Estos chicos se han visto afectados no solo por las dinámicas descritas anteriormente, sino también por haber sido criados cada vez más en familias monoparentales, o incluso haber sido criados por padres, los cuales ellos mismos se comportaban como hombres buenos.

Los hábitos de los hombres altamente ineficientes

Como resultado de los condicionamientos familiares y sociales descritos, los hombres buenos sufren para obtener lo que desean en el amor y en la vida. Debido a su vergüenza y sus inefectivos mecanismos de supervivencia, el mapa que siguen simplemente no les va a llevar a donde quieren ir. Es frustrante. Pero en vez de probar algo diferente, su paradigma requiere que sigan intentándolo con más fuerza, haciendo más de lo mismo.

A menudo les digo a los hombres buenos ‘si sigues haciendo lo mismo que siempre has hecho, seguirás obteniendo lo que mismo que has obtenido hasta ahora.’ Para volver a incidir sobre lo que ya hemos comentado, los hombres buenos evitan obtener lo que desean del amor y de la vida :

  • buscando la aprobación de otros
  • intentado ocultar sus auto-percibidas faltas y errores
  • poniendo las necesidades de otras personas delante de las suyas propias
  • sacrificando su propio poder personal y jugando el rol de víctima
  • desasociándose de otros hombres y de su propia energía masculina
  • co-creando relaciones que son menos que satisfactorias
  • creando situaciones en las que no tienen sexo de calidad
  • evitando vivir todo su potencial

Los siguientes siete capítulos presentan un plan para enseñar a los hombres buenos en recuperación maneras efectivas de hacer algo diferente. Sigue leyendo. Es el momento de empezar a tener lo que deseas en el amor y en la vida.

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